Esposa traviesa que, con el móvil en la mano, mantiene una conversación como si nada… mientras su amante la penetra sin piedad. Trata de disimular su respiración agitada y sus gemidos, pero cada embestida la hace perder el control. Entre frases cortas y risas nerviosas, se le escapan pequeños jadeos que delatan lo que está pasando. El morbo crece al imaginar que la persona al otro lado de la línea no sospecha nada… o quizá sí, y eso la excita todavía más.