- Este debate tiene 0 respuestas, 1 mensaje y ha sido actualizado por última vez el 14 agosto 2026 at 14h04 por
Orisos.
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14 agosto 2026 a las 14h04 #2438
Hola!!!
Llevo desde ayer recordando algunas cosas y hoy cuento una de las experiencias que dejan marca, porque no todo es morbo y algo sin sentimientos de por medio.
Un día navegando por internet vi que un chico pedía consejo sobre cómo iniciarse en el mundillo, quería compartir a su novia y no sabía muy bien cómo hacerlo. Empezamos hablando sin prisa, mensajes largos, confesiones y nos dejamos el contacto. Él me contó que tenía novia, que llevaban tiempo juntos, que ella era inexperta y él también, y que la idea de que otro hombre la tocara le excitaba tanto como le daba miedo.
Yo le respondía con calma y entendiéndole perfectamente en la situación en la que se encontraba.
Después de varios días y varios mensajes de hablar de el, de su pareja y de aconsejarle en lo que creía que era más correcto se interesó por mi situación y el motivo por el que estaba ahí. Le dije que esto no busca humillar a nadie, que si algo pasa siempre es con respeto y con consentimiento claro de los tres. Poco a poco fuimos pillando confianza y hasta hablábamos con ella conectada, los tres. Llegó un momento que me mandaba fotos de ella (siempre con su permiso), me contaba cómo se ponía nerviosa cuando le hablaba de la fantasía, y yo le iba guiando: qué decirle, cómo no presionarla, cómo hacerle sentir segura.
Después de varias semanas quedamos los dos solos, unas birras y conversación directa. Era bastante joven, 25 años.
Le miré a los ojos y le pregunté si de verdad estaba preparado para ver a su novia conmigo. Tragó saliva y dijo que sí. Que quería que yo la convenciera, pero sin mentiras ni manipulación. Quedamos en que él le hablaría primero y después nos veríamos los tres.
El día del encuentro ella llegó con él, se le veía nerviosa. Ella me dijo que tenía 23 años. Se notaba que era la primera vez que se enfrentaban a algo así. Les expliqué todo otra vez, despacio: que no había prisas, que en cualquier momento se podía parar, que si no se encontraban cómodos no tenía que ser hoy y que podíamos tomar algo y ya, que yo no venía a quitarle nada a él ni a usarla a ella. Solo a compartir lo que los tres quisiéramos.
Empezamos hablando. Y después de unas cervecitas de más, ella se sentó cerquita mío, buscando tímidamente el roce. Le pregunté qué si le excitaba la idea. Ella respondió con voz baja que le gustaba imaginarse siendo mirada, que le ponía que su novio estuviera presente, pero que nunca lo había hecho. Yo le dije la verdad: que su inexperiencia me gustaba, que me excitaba la idea de ser el primero en follarla delante de él, pero que solo lo haría si ella me lo pedía con claridad.
La convicción llegó así, con palabras y con cercanía. Le rozé el brazo, después el cuello, siempre mirando a él para que viera que no había secretos. Cuando ella se inclinó un poco hacia mí, le susurré al oído si quería que la besara. Asintió. El primer beso fue lento, profundo.
Nos levantamos pagamos y nos fuimos al hotel donde estaban alojados. Me senté en la cama con ella y el enfrente.
Comenzamos a besarnos y desnudarnos, acariciarnos…
El respiraba agitado desde el sofá.
Cuando se quedó en ropa interior le pregunté otra vez si quería continuar. Dijo que sí. La puse de rodillas entre mis piernas y… sus manos temblaban. Yo le sujeté el pelo con suavidad mientras ella me chupaba por primera vez delante de su novio. Saliva, sonidos húmedos, ojos que se cerraban de vergüenza y se abrían de placer. Cada vez que se atragantaba un poco la detenía, le limpiaba la boca con el pulgar y le decía que lo estaba haciendo bien. Que él estaba viendo algo precioso.
Cuando la acosté en la cama, él se sentó donde habíamos acordado. Yo me coloqué entre sus piernas, abrí sus labios con los dedos y la lami hasta que empezó a mover las caderas sola. Estaba empapada y apretada. Cuando apoyé la cabeza de la polla contra su entrada me detuve y le miré a los ojos:
—Dime que quieres que te folle delante de él.
Lo dijo. Con la voz rota pero clara. Entonces empujé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo se abría alrededor de mí por primera vez con otro hombre. Cada embestida profunda, sin prisa. Quería que sintiera todo. Quería que él viera cómo su novia se corría con mi polla dentro. Cuando ella empezó a apretarme, a gemir más fuerte, a decir “por favor”, yo me incliné y le mordí el cuello suavemente mientras le susurraba que su novio estaba allí, mirándola y disfrutando.
Después de follármela un rato la saqué y me corrí en el vientre porque el me pidió verlo.
Cuando me retiré, el semen le bajaba por su piel. Ella respiraba agitada, con las piernas abiertas. Yo me giré hacia él y le dije con voz baja:
—Ven. Limpiala tú. Es tuya.
Y él lo hizo. Con cuidado, con las manos un poco temblorosas, pero sin apartar la mirada. Yo me vestí en silencio mientras ellos se abrazaban. Antes de irme me agaché junto a la cama, le toqué el hombro a él y le dije:
—Gracias por confiar desde los mensajes hasta aquí. Los dos estuvieron increíbles. Y ella… ella estuvo preciosa la primera vez.
Ella me miró todavía sonrojada y sonrió.
Cuando me iba estaban abrazados diciéndose lo mucho que se querían.
Fue un momento genial, en el que comprendes que las circunstancias cambian y que cada experiencia puede ser diferente. -
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