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Fantasia por realizar

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⏱️ hace 15 horas #3495

Por fin viviendo una situación… tan esperada. Por fin. Estoy disfrutando. Supongo que debería, lo primero, explicarte con detalle el escenario. Te lo explico: estoy sentado en una mesa cualquiera, de una terraza cualquiera, en la ciudad de “dónde sea”. Voy vestido como siempre: camisa de cuadros grises y verdes, vaquero, botas marrones… nada que destacar. Lo que sí siento, aprisionando mi polla y rodeándome los huevos, es la jaula metálica de castidad con la que tantas veces hemos jugado mi mujer, Carla, y yo. Lo mejor de llevarla es el roce que siento en mis huevos con la tela de la ropa interior. Placentero e inevitable. El roce con la silla. El roce con las piernas, si las abro y cierro sutilmente. Solo el que ha llevado una puesta lo entiende.
​Pese a toda la gente que nos rodea, en sus respectivas mesas (grupos grandes, otras parejas, cada uno a lo suyo…), yo no pierdo detalle de lo que tengo frente a mi, en mi mesa. Y lo que tengo frente a mí es a mi preciosa esposa, Carla, bebiendo tranquilamente de su copa mientras habla nuestro invitado: un muchacho que podría ser cualquiera, de una página de contactos cualquiera. Pero lo más importante, para mí y por ser la primera vez que vivimos una situación así, son dos cosas: la primera es que el chico, pese a ser unos diez años más joven que nosotros, tiene experiencia en este tipo de juegos. La segunda es que noto como a mi mujer le ha llegado a gustar… por como habla, por como es, por lo atractivo y seguro de sí mismo que se le nota… un conjunto de todo, supongo.
​Y así, sabiendo el papel de antemano, cada uno juega su papel: El chico, seduciendo a mi esposa. Mi esposa, pendiente del chico, y mirándome de vez en cuando buscando mi aprobación. Y yo, excitado, callado, mirando como se desenvuelve la historia. Deseando que fluya, que acabemos como espero.
​-¿Y lleváis tiempo en este tipo de juegos? -pregunta el chico.
​-Bueno… -responde Carla mirando hacia arriba pensativa- aunque esta siempre ha sido la fantasía de mi marido, hemos hecho muchas cosas en el mundo swinger. Pero vamos, en el juego de hotwife y “cornudo” -pronuncia cornudo despacio, volviendo la mirada hacia a mí, provocándome…- hemos tenido alguna que otra experiencia. A mi marido le encanta y bueno… yo me dejo llevar -sonríe al muchacho, que veo como cae rendido a sus encantos.
​-Pues es una suerte, Carla, porque eres una mujer muy, muy atractiva…
​Apenas llevamos un par de copas cada uno. La aproximación entre mi esposa y su nuevo amante no ha tardado en surgir. Ella lo desea. Él la desea. Yo, deseo verlo. Carla, en su papel de reina, y tras un fugaz beso con el chico ante mi atenta mirada, me dice:
​-Pide la cuenta y paga, cornudito. Vas a tener suerte me parece… -y le sonríe al chico, besándolo de nuevo.
​Pido la cuenta, nos levantamos, y subimos a su habitación. El chico está de paso en la ciudad, y se hospeda en el hotel en cuyo bar tomamos las copas. En el ascensor, como si yo no estuviera (aunque más de una mirada me dirige Carla), se besan con pasión, ahora sí con el deseo desenfrenado de la juventud para ella, de la novedad para él…
​Ya en la habitación, ocupo mi sitio, en el sillón justo frente a la cama en la que sé veré crecer mis cuernos, aquellos con los que hacía unos años soñaba, y que ahora son una realidad, pues no es la primera vez que veré follar a mi mujer (y por Dios, como folla mi Carla) con otro, pero si la primera vez que lo haré con la jaula de castidad puesta. Y me encanta.
​Ella le da la espalda al chico, de pie frente a la cama. El chico le besa el cuello con deseo, sus manos recorriendo sus tetas sobre el vestido. Carla mirándome, nuestras miradas se encuentran. Son puro deseo. Pura excitación. La polla me va a reventar, aprisionada en la jaulita. Trago saliva.
​Antes de dejar que el chico avance, Carla se gira hacia mí con una sonrisa altanera en los labios.
​-Arrodíllate, cornudito -me ordena con voz cortante-. Quítame los zapatos. Que se note para lo único que sirves hoy.
​Trago saliva, con el corazón latiéndome a mil por hora, y obedezco sin rechistar. Me arrodillo en la moqueta del hotel frente a mi propia esposa, bajo la atenta y divertida mirada del muchacho. Cojo su pie y le retiro el zapato, sintiendo la total humillación de ser tratado con sumisión mientras mi polla gotea inútilmente dentro de la jaula de metal.
​-Muy bien, cornudo -dice Carla acariciándome la cabeza con desdén antes de apartarme de un empujón suave-. Quédate ahí abajo y no digas ni una palabra.
​Ella se deja hacer, sin dejar de mirarme. Sus tetas son liberadas, el chico le baja el vestido y las cogen con ansia, mi mujer se excita más si cabe mientras cierra los ojos… Da la vuelta y se besan, de nuevo con pasión, y él baja a comerle los pezones, esos pezones tan bonitos que coronan sus preciosas tetas… ufffff me encanta. Ella no tarda en tomar la iniciativa, y empuja a su nuevo amante hacia la cama. Él, ya tumbado con los pies aún fuera de la cama, se deja hacer. Sin camiseta, el pantalón baja mientras Carla tira de él… y aparece una polla dura, tiesa, grande. Carla la coge y, por supuesto, me mira. Me mira y sonríe. Sonríe mientras su mano empieza a subir y bajar, pajeando al muchacho, que cierra los ojos, gimiendo, dejándose hacer.
​Y sin dejar de clavarme la mirada… se la mete en la boca. Cierra los ojos, y empieza a chupar, a mamar, como ella sabe. Como sé que ella sabe hacerlo. Y disfruto, y me imagino, por el “ufffff” que suelta el muchacho, lo rico que se la come mi esposa… y la polla me va a reventar bajo el pantalón, encerrada en la jaula. Observo la mamada, el deseo de ella, el placer del chico, que levanta la vista a mirar como mi esposa engulle una y otra vez su polla en la boca.
​Entonces ella sube, apenas unos centímetros separan su boca de la polla del chico, la cual no suelta y sigue pajeando lentamente. Y lo mira. Y escupe en la punta, esparciendo con su mano la saliva por toda la polla, que se ve grande, poderosa… Y me mira de nuevo, sonriendo.
​-Es más grande que la tuya, cornudo. Voy a disfrutar… ¿Ves esto? Ahora vas a usar tus manos para preparársela bien. Acércate.
​Me arrastro por el suelo hasta quedar entre las piernas del muchacho. Siguiendo las órdenes de mi esposa, extiendo las manos y empiezo a málaxar los testículos del chico, estirándole la base de la polla con sumisión, mientras Carla observa desde arriba, regodeándose en mi papel de sumiso.
​-Eso es, mmmm… málaxale los huevos, cornudito -dice Carla riendo con burla-. Eso es, mmmm.
​-Uffff… que obediente es tu cornudo -dice el chico, dejándose hacer mientras yo le mantengo la polla erecta y limpia con mis manos.
​-Es mi cornudito complaciente -responde ella, antes de volver a bajar la cabeza y tragársela hasta el fondo.
​-¿Te gusta como la chupa mi mujer, eh? -Digo excitado, aguantando la humillación que me quema las entrañas de placer…
​-Me encanta, cornudo. Eres muy afortunado.
​Es la primera vez que un amante de mi mujer me llama cornudo. Y me pone. Mucho. Sigo observando como Carla chupa con ansia el pollón del muchacho, como el chico goza de la mamada… Y mi mujer alterna, a ratos chupa con los ojos cerrados hasta el fondo, a ratos sale un poco y lo mira a los ojos a él, a ratos sale del todo y me mira a mí, fijamente, mientras vuelve a bajar y otra vez la traga hasta el fondo. Es una diosa.
​Y entonces, el chico tira de la cabeza de mi mujer hacia él. Ella queda de rodillas entre sus piernas, se incorpora sin dejar de agarrar y mover la mano en su polla. Se besan. Y cuando él busca de nuevo su cuello, ella me mira, la mano de él agarrándola del cuello, sus ojos llenos de deseo, su mano subiendo una y otra vez sobre la polla del chico.
​-Quiero follarte… -le susurra él al oído. Y ella, obediente, se sube a la cama, y se pone a cuatro patas, de lado desde mi perspectiva, acercándose a mí. En el camino se desprende de su vestido, y adopta esa posición totalmente desnuda, tan solo lleva la llave de mi castidad colgando entre sus tetas. No deja de mirarme. Perdida de deseo. Como me tiene a mí… perdido de deseo. El chico se desviste rápidamente, y se coloca tras ella. Carla apoya su mano en mi rodilla, mientras me dice que le encanta, le encanta la polla del chico, desea que la folle, desea sentirla.
​Entonces veo que el chico no lleva condón. Y no digo nada. No digo nada porque lo deseo, aunque sé que es una linea que no pensábamos cruzar nunca. Pero aquí estamos. La polla de él rozándole el coño. Y ella mirándome, deseándola. Tampoco dice nada, y el chico me mira, como pidiendo permiso. Entonces asiento, deseándolo también. Deseando que mi mujer note aquel trozo grande de carne en su interior.
​El chico empuja, y la penetra… Carla gime… Y abre la boca, excitada, sorprendida…
​-Aaaahhhh… ah…. Dios…. Cariño…. -dice mirándome..- No…. Ahh… no lleva condón?
​Él sigue moviéndose, apenas la punta, sin enterrarla entera. Ella lleva su mano hacia atrás, y se la agarra, para comprobar que efectivamente se la ha metido sin condón… Me mira, se muerde el labio, y empuja las caderas hacia atrás, enterrándosela más, excitándome más, provocando el gemido del chico…
​-Aaaahhhh…. Mmmmm… que coñitooo….
​Y mi mujer, sin dejar de mirarme a los ojos, sonríe, gime…
​-Aahhhh. Joder…. Que grande es, cornudito… mmmmm…. Me encanta….
​El chico ya se mueve tras ella con ganas, empujando una y otra vez, aunque no se la mete entera, tal vez hasta la mitad… Mi mujer me mira, gime, disfruta. Tengo la polla que me va a reventar. Encerrada. Mientras la llave se balancea en el aire, bajo la cara de gozo de mi esposa, al ritmo de las embestidas del chico.
​-Aaaahhhh… mmmmm… siiii… fóllame -se gira a mirarlo, con cara de vicio. Él no pierde detalle del culo de mi esposa, agarrándola de la cintura.
​Carla vuelve a mirarme, con los ojos llenos de vicio, con la boca entreabierta, mientras gime…
​-Aahhh… cariño… ahhhh… me está follando sin condón, joder… cornudito… me está follando la siento toda… ahhhh
​Como me excita, joder. Me encanta. Siguen un rato, él dándole y, en cada embestida, enterrándosela un poco más adentro. Ella gozándolo, mirándome, mirándolo, bajando la cabeza y cerrando los ojos, sus manos agarrando fuerte las sábanas.
​Entonces mi mujer vuelve a levantar la cabeza. A mirarme. Y me habla…
​-Ven… cariño… aaaahhh… ahhhhh… mmmm. Ven, sube a la cama, deja que apoye mi cabeza en tus piernas…. – y se muerde el labio, sonriéndome.
​-Claro… -trago saliva- me encanta, si es lo que quieres… como desees…
​Me levanto, y me siento en la cama. Ella apoya la cabeza en mis piernas, cerca de mi polla, cerca de mi jaula… mientras el chico sigue follándosela, desde atrás. Ahora ya se la está enterrando entera, una y otra vez, y los gemidos de mi mujer son más grandes. Incluso me muerde, sutilmente, volteando la cabeza, y noto su boca por encima de mi vaquero, en mis huevos, en la jaula. Me encanta.
​-Quítate la ropa… -me pide, mientras levanta la cabeza. Y lo hago, mientras el chico sale de atrás, porque ella le pide que se siente a mi lado. Me siento, ya sin ropa, solo con la jaula encerrándome la polla. Carla se sienta encima del chico. Empieza a follárselo, a moverse como solo ella sabe hacerlo cuando cabalga una buena polla. El chico le come las tetas, y luego se tumba hacia atrás. Carla, sin dejar de mover sus caderas y enterrarse una y otra vez la polla del muchacho, acerca la cabeza hacia mi… su mano me roza los huevos, me agarra la polla sobre el metal…
​-Aaaahhh… aaaahhhh… que buena polla tiene, cariño…. Me encanta follármelo….
​-Oh, si… -digo y la beso, excitado.- Fóllatelo amor, gózalo…
​Ella sigue gimiendo, a un palmo de mi cara, mirándome fijamente, tocándome la jaula…
​-Ooohhh… dios…. Que rico….
​Las manos del chico la pellizcan los pezones, Carla sube y baja el culo una y otra vez. Me levanto, al rato, no puedo más, y Carla baja a besar al muchacho. Miro desde atrás y veo como el coño de mi esposa sube y baja, provocando que aquella polla se entierre una y otra vez en su interior. Que rico. Que imagen. Me encanta. Me acaricio los huevos, noto como me resbala liquidillo por la punta de la jaula.
​Y ellos… siguen follando.
​Entonces mi esposa se incorpora, quedándose sentada con la polla de su amante enterrada totalmente en su interior. Me mira y me tiende la mano. Se la doy. Empieza de nuevo a moverse, adelante y atrás, agarrándome la mano con fuerza. Me siento de nuevo a su lado sin soltársela, disfrutando del espectáculo. Así se tiran un rato, hasta que ella de nuevo baja a besarlo, y luego sube de nuevo y me mira extasiada, aumentando el ritmo de sus caderas… rápido…
​-Aaaaahhh… joder…. Cornudo me voy a correr…. Joder que polla…. Ahhhhh….
​Y se corre… mi mujer se corre mientras disminuye el ritmo de sus caderas, mientras el chico le agarra las nalgas con fuerza, y la mira sonriendo, satisfecho… y yo noto una excitación increíble, mi mano masajeando una y otra vez mis encerrados huevos.
​Ella baja a besarlo de nuevo, antes de levantarse. Pero no ha terminado. Se gira, y vuelve a sentarse encima de él, pero esta vez al revés, dándole la espalda. Vuelve a moverse, a gemir. El chico la agarra del culo, mira el espectáculo que es mi hembra… y me encanta.
​Me levanto, para situarme frente a ella: la beso, la agarro del cuello…
​-Me encantas… -le digo.
​Entonces ella apoya los pies, y se tumba hacia atrás. Empieza a subir y bajar, mirándome con deseo. Madre mía ya sé que me repito pero otra vez lo tengo que contar: como folla mi mujer. El chico la ayuda, sujetándole la espalda. Veo su coñito mojado, rico, enterrándose esa polla una y otra vez. Me arrodillo, la miro, y ella sonríe. Mi boca se dirige a su clítoris. Cierro los ojos, y empiezo a lamer: lamo su coño, pero cuando sube, lamo la polla del chico. Y así una y otra vez. Mientras escucho sus gemidos, que me excitan, una y otra vez. Dirijo mi mano a los huevos del chico, que agarro con delicadeza, cogiéndole la base de la polla y notando el coño de mi mujer chocando una y otra vez. Y lamo, lamo todo porque me tienen excitadísimo.
​-Aaaahhhh… mmmm… que rico joder… -dice el chico
​-Ahhhh… siiiii… lame cornudo, eso es, que ricoooo…. -dice Carla.
​En plena faena, la polla del chico se escapa del coño, y me la meto en la boca mientras el chico suelta un «ugffffff», y Carla me acaricia el pelo con un «muy bien cornudito, chúpasela un ratito», para luego dirigirla de nuevo con la mano al coñito de ella.
​Tras un buen rato me levanto, con la boca empapada, con la polla empapada bajo la jaula (no se si me he corrido un poco, pero el placer lo he notado bajo el metal). Me siento de nuevo en el sillón, excitadísimo. Entonces ella se levanta, y el chico la invita a tumbarse, dándole la espalda. En esta nueva postura, se la clava desde atrás, mientras Carla vuelve a mirarme, sus ojos perdidos de deseo, la mano de él agarrándola del cuello, y su polla entrando y saliendo una y otra vez de su coño, aunque ahora es el chico quién lleva el ritmo. Y yo me toco, y miro, y flipo por lo bien que folla el chico, por la follada que le está metiendo, y por lo que goza mi mujer. Ella se gira a besarlo, sus lenguas se buscan con vicio mientras las manos de él la agarran las tetas con fuerza.
​Y sigue, y sigue, y no tiene fin madre mía. Entonces, por como noto los jadeos de mi esposa, y porque me lo anuncia, se corre otra vez:
​-Aaaaahhhh… jodeeeeerrrr. Que pollaaaaaa. Me corroooo no pareeeeees….
​Y se corre, veo como chorrea y se corre entregada, mientras me mira, los ojos abiertos, la boca abierta, llena de placer… y yo… yo lo disfruto joder, madre mía… claro que sí… me encanta….
​Al rato él para, y ella se tumba, exhausta. Pero el chico quiere más: se sitúa encima de ella. Se besan y vuelve a metérsela, esta vez ella abierta bajo su amante, besándolo, mirándome, exhausta, gimiendo, entregada… La va a matar, pienso…
​-Aaah… aaaahhhh… ahhhhhh. Jodeeer….
​El muchacho aumenta el ritmo, clavándosela una y otra vez hasta el fondo… De repente, se pone de rodillas, levantándole las caderas a Carla, follándola más, y más, y más…
​-Aaaaahhhh… aaaaaaahhhhhh!!!! -grita ella, como nunca la había escuchado.
​Él se sale de su interior, y empieza a pajearse. Veo que ella tiene las piernas temblando, joder que rico. Y me mira, con la cara desencajada de placer, para luego mirar al chico y ver como borbotones de esperma salen disparados, hacia sus tetas, su vientre, su coño…. La empapa con su corrida, y ella vuelve a mirarme, sonriendo, satisfecha.
​Carla, exhausta, con los ojos vidriosos y la boca abierta, se gira despacio para mirarme, con una sonrisa de triunfo absoluto en los labios.
​Y yo sigo encerrado.
​Esperando mi turno.
​Deseando notar como le han dejado el coño.

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⏱️ hace 13 horas #3503

Se nota escrito desde el fondo de tu cerebro y tus cojones, muy bueno.

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